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Federico Andahazi

 

NOTICIAS, 6 de Julio de 2019

Federico Andahazi:
"Mis padres eran marxistas y mi abuelo materno, del Partido Comunista"

Por Carlos Claá

  Federico Andahazi - Noticias

Hace periodismo en Mitre y TN y presentó la novela “La matriarca, el barón y la sierva”. Amenazas y adoctrinamiento marxista.

La movida de prensa para presentar su nuevo libro obliga a Federico Andahazi a cambiar su rutina. No es común encontrar al escritor despierto antes del mediodía. Sus días terminan ya avanzada la madrugada y empiezan después de las 13, un rasgo de bohemia impropio de los tiempos que corren, pero al que el dueño de una decena de bestsellers le interesa conservar. En su casona de Belgrano R todo está anclado en el pasado. Los muebles, las motos que colecciona e incluso, en algunos rasgos, él mismo. La mezcla entre el ayer y el hoy es una constante en este psicólogo que hace periodismo con Alfredo Leuco en Radio Mitre y TN, pero que continúa incesante con su labor de novelista. “La matriarca, el barón y la sierva”, su último trabajo, ya va por la segunda edición, tras agotar la primera.

Noticias: ¿Cómo es la relación entre las distintas profesiones que conviven en usted?
Federico Andahazi: Es conflictiva. Nunca me consideré periodista, Alfredo Leuco me dio el título. Creo en la figura del escritor que se define políticamente en alguna circunstancia. La Argentina tiene una buena tradición: muchos de nuestros líderes históricos provienen o transitaron por la literatura, como (Domingo Faustino) Sarmiento, que fue un gran novelista, o (Jorge Luis) Borges. Se dice que el hombre que opinaba de política no le llegaba ni a los talones al escritor, pero no estoy de acuerdo. Me gusta ese Borges polemista, sarcástico con el peronismo, que termina declarándose anarquista. Es fantástica esa faceta. Después, uno se tiene que adecuar a los tiempos que corren. No es sencillo hoy ocuparse de la política: los personajes son orilleros tipo Aníbal Fernández o intrascendentes, como Alberto Fernández. Mutamos del “Facundo” a “Sinceramente”. Algo grave pasó.

Noticias: ¿Siempre se interesó por la política o fue a partir del kirchnerismo?
Andahazi: Provengo de la política. He sido un chico adoctrinado desde pequeño. Me llamo Carlos Federico, Carlos por Marx, y Federico por Engels. Mis padres eran marxistas y mi abuelo materno era del Partido Comunista. Fui a un jardín de infantes que pertenecía a la órbita comunista, así que mientras los chicos cantaban “El Payaso Plin Plin”, nosotros cantábamos “La Internacional”. Tuve que hacer un trabajo importante para desembarazarme de ese dogma.

Noticias: Con su nuevo libro pasó algo curioso: asegura que, a pesar de ser ficción, el argumento, en parte, se volvió real.
Andahazi: Eso pasa siempre. Es casi una condición de la literatura, que es anticipatoria. Escribí esta novela para salir de este atolladero de la política. Es tóxico, desgastante, necesitás bajar la persiana. Los escritores tenemos un lugar de exilio que es la literatura. Pero cuando termino de escribir el libro, veo que los tres personajes principales toman vida: la matriarca, Cristina; el barón, Alberto Fernández; y la sierva, la Argentina. La matriarca es la que manda, pero lo que ve el pueblo es otra cosa, que el barón lleva las riendas. Es ella quien maneja los hilos de la marioneta. El tercer elemento es la sierva, que es ultrajada una y otra vez, sistemáticamente. Mi novela está basada en una historia real de Juan Manuel de Rosas, a quien un comandante de armas que se estaba muriendo le da a su hija en adopción y él se dedica a violarla. De eso quedó testimonio en Tribunales y a mí la historia me impactó.

Noticias: ¿Recibió amenazas por su rol de analista político?
Andahazi: Sí. Acá en mi casa y en mi cuadra aparecieron varios artefactos incendiarios, tiempo atrás. Me debieron poner custodia, lo cual fue muy desagradable. También me pasó algo en la Feria del Libro, eso fue tremendo porque la sentía como un ámbito propio. El día anterior al acto de Cristina había una tensión en el ambiente muy grande. Ese día, salí del stand de Radio Mitre y había varios hombres con una remera negra que decía “Gustavo Menéndez”. Tenían una actitud amenazante. Uno de ellos me siguió hasta la moto pisándome los talones y se quedó parado al lado como provocando. Por suerte no pasó a mayores.

Noticias: ¿Su familia le reprocha que se haya metido en el barro de la política?
Andahazi: Uno se lo pregunta todo el tiempo, pero después piensa en las circunstancias. Borges hubiese sido un escritor aséptico si no hubiese existido el peronismo, pero hasta él se arremangó los pantalones y se metió en el barro de la política. Y peleó con la elegancia, con las herramientas y la ironía de Borges, que no es la de uno. Decidí involucrarme cuando tuve hijos: tengo una de 17 y uno de 11. Y cuando ves peligrar el futuro de tus hijos, el horizonte es otro. Si me tengo que embarrar un poco los tobillos, no pasa nada.

Noticias: ¿Qué hace para distenderse?
Andahazi: Colecciono motos y autos. Hay un parentesco muy grande entre esto de coleccionar vehículos antiguos y escribir. En general, encuentro motos que son chatarra sepultada en algún gallinero. Es como un trabajo arqueológico. Cuando después de mucho tiempo le pones la bujía, pateás y arranca, es exactamente igual a cuando un personaje del pasado lo exhumás, lo traes al escritorio, lo ponés en la novela y sentís que vuelve a respirar.

Noticias: ¿Dejó de lado su profesión de psicólogo?
Andahazi: Hace un tiempo la restablecí. Se generó algo interesante que llamamos “psicódromo”. Me gusta mucho caminar porque se ordenan las ideas. Lo hago de una manera más o menos deportiva. Un día venía caminando por la calle Melián y una mujer me para: “Sé que no tenés pacientes, pero me quiero psicoanalizar con vos”, me dice. Le contesté que no tenía tiempo, pero me refutó: “Tiempo tenés porque te veo siempre por acá. ¿Por qué no me atendés mientras caminamos?”. Justo venía pensando ese tema: que el hombre se enfermó a partir de que se quedó quieto. éramos nómades, libres, pero cuando dejamos de caminar nos volvimos obesos, codiciosos y neuróticos. El acto de caminar tiene que ver con ese instinto primitivo que nos mantenía alerta y saludables. Entonces los fines de semana, a la hora que los paseadores sacan a sus perros, saco a mis pacientes.

Noticias: En su última novela habla del arte del combate y de la belleza de la lucha. ¿Lo aprendió de experiencias personales?
Andahazi: Si, lo aprendí con Blas, mi hijo. Nació muy prematuro, con 25 semanas. Tan chiquito que pesaba 600 gramos y me cabía en la palma de la mano. Tuvo que sobrellevar operaciones, hemorragias y mucho tiempo de internación. Había algo que lo caracterizaba, a pesar de que estuvo al borde muchísimo tiempo. No sabías qué iba a pasar a la hora siguiente, sin embargo el tipo luchaba con una belleza, como esos galanes de Hollywood que pelean y no se despeinan. Más allá de la belleza de él, que es una cosa de locos, parecido a Paul Newman cuando era chico. Blas sobrellevaba la lucha con mucha dignidad. Cada bebé, en la neo, tenía una forma propia de pelearla y aquellos que lo hacían con mayor dignidad eran los que más chances tenían de sobrevivir. Hay algo en la lucha que tiene que ver con lo bello. Si peleás mal, si pegás con la mano abierta, no te va a ir bien. Puede ser que ganes, pero en realidad perdiste, porque cuando perdiste la belleza, perdiste la pelea. Lo que no se sobrelleva es la pérdida de la dignidad. Blas me enseñó la belleza de la lucha.

Noticias: ¿Alguna vez imaginó qué hubiese sido de usted si Amalia Fortabat no intentaba censurar su primer libro?
Andahazi: Durante mucho tiempo tuve la incómoda certidumbre de que le debía un gran favor a Amalita porque hizo un escándalo fantástico que sirvió para promocionar mi primera novela (“El anatomista”). Me tradujeron a un montón de países que no tenían ni idea de quién era ella ni yo. El libro funcionó muy bien, de modo que no creo que hubiese sido muy distinta la cuestión. Por ahí la gente hubiese tenido una impresión mía más cercana a lo que soy. Ese escándalo me dio un perfil que no es el mío. Esto que soy ahora es lo que fui siempre: dame una moto vieja, un par de libros y ya estoy.


Fuente: Noticias.



 
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