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Federico Andahazi

 

DIARIO LA NACIÓN, 5 de abril de 2010

El director rebelde hace al escritor rebelde

Por Verónica Pagés
De la Redacción de LA NACION

José María Muscari, al frente de El anatomista , versión del libro de Federico Andahazi

  Federico Andahazi

Sumarle al libro El anatomista, de Federico Andahazi, la impronta irreverente y corrosiva del director José María Muscari suena explosivo. Es que es difícil no poner la imaginación en movimiento con la historia de Mateo Colón -el anatomista descubridor del clítoris y, con él, de la mayor fuente del placer físico femenino-, que en el siglo XVI enfrentó a la Inquisición en un furibundo proceso judicial.

Pero más allá de hacia dónde dispare la cabeza del lector (y potencial espectador) a partir del modo en que sexo e Iglesia se convierten en los pilares en este trabajo, sus responsables apelan a la más absoluta falta de prejuicio para encararlo y también para verlo. "Nada de lo que aparece en la obra es gratuito, las transgresiones que surgen son las que comete en su espíritu libre el mismo protagonista de la obra y que están porque cuentan algo", arranca Muscari, quien dirige por primera vez una obra no escrita por él.

El anatomista llegará a escena pasado mañana a partir del empeño de Luciano Cazaux en conseguir los derechos de la obra y en trabajar en la adaptación. Muchos, cientos de proyectos teatrales llegaron a las manos de Andáis en los trece años que pasaron desde que publicó la novela, pero ninguno tuvo la seriedad artística como para que el escritor diera el sí.

Y la verdad es que cuando escuchó a Cazaux –que ya tenía en su haber la adaptación de Eva y Victoria y de El día que Nietzsche lloró– pensó que iba a ser otro más que integrara la lista, pero su representante literario lo llamó y le dijo "sentate y escuchalo".

"Lo hice y a los quince días de la primera entrevista apareció con la adaptación hecha y me dejó con la boca abierta. Es la esencia misma del libro", se suma Andahazi, quien se entusiasmó aún más cuando supo que Muscari se subió al proyecto.

"Es un tipo que no tiene ni un solo prejuicio, y si a mí hay algo que me enferma de los ambientes literarios, de los ambientes artísticos son los prejuicios, ya que desde ahí no se puede construir absolutamente nada."

Transgresores

A Muscari no se le movió un pelo cuando le reconoció a Cazaux que no había leído el libro ("no soy un gran lector, salvo que lo necesite para un trabajo"), pero como lo que él iba a montar era la adaptación, empezó por ella. De ahí sí saltó a la novela, que devoró tres y cuatro veces. "Me encantó y pude darme cuenta de por qué me querían a mí en el proyecto ya que hay una combinación de sexo y religión que puedo encarar sin hacer ninguna transgresión barata."

Barato. Transgresión. Escándalo. Prejuicio. Censura. Todos términos éstos que si bien ni Muscari ni Andáis quieren asumir como propios en esta propuesta, no reniegan de ellos. "La verdad es que me siento lo suficientemente capacitado como para poder generar escándalo, si quisiera, con mucho menos trabajo e inversión de la que hay en El anatomista.

Detenerse en esa visión es tan simplista que ni me molesto en pensarlo", sigue el director. Es que más allá del tema de la obra que involucra a la Iglesia, a los hombres que la representan, al sexo, al cuerpo en primerísimo primer plano, a amores no correspondidos con jóvenes prostitutas, la obra viene a caballo de un escándalo que la sacudió cuando ganó el premio Joven.

Literatura otorgado por la Fundación

Fortabat y que luego -disconformes con el fallo del jurado que premiaba una obra de alto contenido erótico- sus autoridades decidieron otorgar el premio monetario en privado y suspender la gala de entrega. "No me parece mal destacar el carácter revulsivo que tiene la literatura o el teatro. No somos los bufones del rey y si en un punto la literatura y el teatro molestan al poder, no me parece mal ponerlo de manifiesto. No se puede dejar de lado que cuando la novela salió tuve que hacer esfuerzos denodados por hablar del libro y no del escándalo. De hecho creo que tanto a la novela como a su protagonista les pasó lo mismo, fueron cuestionados y avasallados por el poder", dice Andahazi.

Para Muscari "es como querer hacer creer a la gente que con Antonio Grimau no pasó nada, que simplemente actúa, así estamos perdidos; lo mismo con la obra, mejor poner de manifiesto su encuadre y que la gente desde ahí supere esa situación y vaya directo a la historia. No puedo dejar de lado el tema de la censura porque forma parte de lo que está contando la obra". 


Fuente: DIARIO LA NACIÓN



 
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